Si un blanco se siente clínico, prueba subir calidez un paso o introducir textiles en crudo y madera clara. Pequeños toques en pantallas y lámparas cambian la lectura general. Revisa la orientación: quizá de tarde el tono se enfría más. Ajustar kelvin y matiz devuelve humanidad y mantiene la claridad buscada.
Acabados muy brillantes en paredes grandes producen destellos y enfatizan defectos. Cambia a cáscara de huevo o mate lavable en muros, reserva satinado para carpinterías. Ilumina de forma lateral o difusa. Una limpieza regular con paños suaves evita aureolas. Así conservas reflejo suficiente, legibilidad de color y una atmósfera calmada, sin esfuerzo.
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